La banda valenciana celebra el vigésimo aniversario de su emblemático álbum «Sin Trampa Ni Cartón» rescatando «Ayer Soñé», una pieza clave del cancionero estatal que ahora cobra una nueva y vigorosa vida.
Hay canciones que dejan de pertenecer a quienes las escriben para pasar a ser propiedad del viento, de las gargantas que las gritan en los festivales y de los corazones que encuentran en ellas un refugio. «Ayer Soñé» es, sin duda, una de esas piezas. Hoy, veinte años después de que viera la luz dentro del álbum «Sin Trampa Ni Cartón», Benito Kamelas ha decidido regalarnos una mirada renovada a su obra más icónica.
Esta regrabación no es un simple ejercicio de nostalgia; es una declaración de intenciones. La formación actual de la banda ha logrado inyectar a la pista un sonido contemporáneo y eléctrico, una inyección de adrenalina que actualiza su potencia sin sacrificar ni un gramo de la sensibilidad que la convirtió en un pilar del rock patrio. Es, en esencia, la misma alma, pero con un músculo mucho más definido.
Quini: La resiliencia como bandera
Detrás de este hito está la figura de Quini, baluarte y timonel indiscutible de este barco. Su trayectoria es el ejemplo perfecto de lo que significa la palabra resiliencia en la industria musical española. A base de honestidad y un trabajo de pico y pala, ha conseguido que Benito Kamelas no solo sobreviva al paso del tiempo, sino que florezca en él.
El reconocimiento que hoy recibe la banda —tanto de una industria que a veces tarda en ver lo evidente, como de un público que nunca les ha soltado la mano— es una cuestión de justicia poética.
Un puente entre el origen y el futuro
Con esta nueva versión de «Ayer Soñé», el grupo hace mucho más que celebrar un aniversario; establece un puente sólido entre el orgullo de sus raíces y la ambición de su futuro. Benito Kamelas atraviesa, posiblemente, el mejor momento de su dilatada carrera, demostrando que el rock hecho con el corazón no entiende de modas pasajeras.
La canción ya está fuera, lista para volver a ser coreada como si fuera la primera vez, recordándonos que, aunque pasen veinte años, algunos sueños están destinados a no terminar nunca.
