Había una cuenta pendiente con el rock nacional, y Poncho K acaba de saldarla con la precisión de un relojero y el alma de un poeta callejero. Tras un 2025 donde el artista sevillano nos mantuvo en vilo, entregando píldora a píldora la anatomía de su nuevo proyecto, hoy finalmente ve la luz ‘333’, su esperado álbum de estudio.
No es un lanzamiento cualquiera; es el cierre de una liturgia que comenzó hace doce meses. Poncho K no ha seguido las reglas del mercado actual, ese que devora discos en una semana. Él nos obligó a digerir, a sentir y a «desgranar» cada composición, convirtiendo el año pasado en un viaje compartido entre autor y oyente.
Un número, tres dimensiones
El título, ‘333’, no parece una elección al azar. A través de sus pistas, encontramos al Alfonso Caballero más poliédrico: el que muerde con rabia rockera, el que acaricia con la sensibilidad de la canción de autor y el que nos bofetea con verdades que solo se dicen a media noche en una barra de bar.
El ADN de un disco cocinado a fuego lento
A diferencia de otros trabajos, ‘333’ llega con la ventaja del reconocimiento. Al haber publicado los temas de forma individual durante el 2025, el público ya ha hecho suyos himnos que hoy, al escucharlos en conjunto, cobran una nueva dimensión narrativa.
- Lírica punzante: Poncho sigue demostrando que es uno de los mejores escritores de su generación. Sus metáforas no se leen, se sienten en la boca del estómago.
- Sonido crudo y honesto: La producción respeta esa suciedad necesaria del rock, pero con una nitidez que permite apreciar los matices de una banda que suena más cohesionada que nunca.
El veredicto
’333′ es la prueba de que el rock no ha muerto, solo estaba esperando a que alguien con el suficiente «veneno» en la sangre volviera a poner las cartas sobre la mesa. Poncho K ha vuelto a demostrar que, en un mundo de algoritmos, la autenticidad sigue siendo la moneda más valiosa.
El disco ya está disponible en todas las plataformas y en formato físico para los románticos que aún creen en el ritual de girar el libreto mientras suena la música.
