Javier Beltrán (Noprocede): “Nuestras letras nacen del sentimiento. Contamos lo que nos pasa a todos.”

Javier Beltrán Muñoz (07/04/88 – Madrid). Vocalista, compositor y guitarra rítmica en Noprocede. Canta y compone desde hace 15 años, editando más de treinta canciones. Presta su voz en otros trabajos, colaborando vocalmente con Deskarte, Versoix, La sombra del Vaso, Violet, D-RockA2 y Nadye y líricamente con Nadye y Varo V.  Compagina la música con su otra pasión: veterinaria, en la que es experto en medicina y cirugía de animales exóticos.

Este año se cumplen 15 años desde que formasteis el grupo ¿Cómo y porque decidís montar la banda?

Fue una idea de instituto. Es el resultado de colarse (por edad) en un concierto en la mítica Aqualung y flipar. Salimos flipando tan fuerte que decidimos que queríamos hacer lo mismo. Empezamos “teniendo una banda” sin ni siquiera tener instrumentos ni nociones musicales, nos repartimos los roles a suertes. Poco a poco fuimos aprendiendo de forma autodidacta lo que era tocar un instrumento y lo que era tocar un instrumento junto a otros instrumentos. Fue divertido. Y por eso lo hicimos, queríamos divertirnos.

¿Cómo valoráis estos 15 años en la música?

Soy el único miembro que queda desde aquella “formación primigenia” de hace 15 años y para mi este periodo ha marcado fuertemente mi personalidad. Empezó siendo un pasatiempo divertido y ahora se ha convertido en una parte más de mi cuerpo, células que necesitan oxígeno. Han sido 15 años maravillosos, he visto crecer un proyecto literalmente desde cero, desde no saber las notas musicales hasta presentar disco en una Copérnico abarrotada. Y he crecido con el proyecto. Ha sido simbiótico. Me ha dado mucho. No podría definirme sin ello, han sido TANTAS las experiencias vividas (buenas y malas) que me han influenciado hasta ser quien soy ahora, con mis defectos y mis virtudes, que es imposible que no lata conmigo. Lo mejor de estos 15 años ha sido la gente que he conocido en el camino, que ha sido mucha. He aprendido de todos y he vivido al máximo cada minuto encima de un escenario.

¿Ha cambiado mucho el sector desde que empezasteis?

Sí. Ha cambiado muchísimo. Por hacer un resumen rápido, y en mi opinión: hace quince años íbamos a estadios llenos a ver conciertos de rock nacional (Marea, Extremoduro, La Fuga, Ska-P…) y ahora no hay estadios para el rocanrol. Entonces sacaban un disco y la gente se lo bebía, youtube hacía su magia sin importar tu trayectoria y la gente consumía rocanrol (Gritando en Silencio, Mala Reputación, Desakato…). Ahora es más complicado. Por un lado hay muchísima oferta y las redes sociales nos fríen a impactos y es más difícil destacar, por otro lado creo que está perdiendo fuerza el sector frente a otros como el trap o el indie. Veo pocos niños que quieran ser cantantes de rock, no es el estereotipo a día de hoy. Antes buscaban letras y melodías con las que identificar sus sentimientos, hoy el sentimiento ha pasado de moda, reina la apariencia física.

¿Cuáles son las principales influencias del grupo?

Lo bueno que tiene Noprocede es que bebe de cualquier grifo. No somos una banda que se marque el objetivo de sonar como alguien, sonamos como sonamos. Durante los procesos compositivos, se trabaja sobre un colchón armónico básico y cada integrante va sacando su sangre y da color a la canción. Las influencias de cada uno son tan dispares… Kike es muy metalero, Carlos muy punki, Fran muy clásico y yo muy de letras. Y de ahí salen los temas. De mezclar ideas sin un objetivo concreto.

Tardáis algo más de cuatro años en publicar, en 2011, vuestra primera maqueta “todojunto”, este nombre era en referencia a vuestro nombre de grupo?

Escogimos “Todojunto” para dejar claro que Noprocede no llevaba espacio, que se escribía todojunto. Del tirón.

¿Por qué pasó tanto tiempo desde vuestra formación hasta la grabación de vuestros primeros temas?

Tardamos cuatro años, los que tardamos en comprarnos los instrumentos (risas). Por eso contar 15 años a veces me parece trampa, porque 4 de ellos estuvimos dedicándonos a ir a botellones diciendo que teníamos una banda. En realidad la teníamos, pero en lo espiritual (risas).

¿Dónde grabasteis la maqueta? ¿Qué temas contenía?

Grabamos la maqueta en casa de nuestro amigo Iván Chapa (hoy vocalista de Diario Perro), lo llamamos Chapa Estudios. Fue muy loco porque tocábamos fatal y le hicimos de sufrir, pero lo pasamos de puta madre. Pues eran ocho temas: Chaq-hetera, La niña rockera, Nos dejamos la piel, Puñao de suerte, Subir a las nubes, La diosa de los ateos, Comediante y Barriobajero.

Con esta primera maqueta comenzáis a haceros un nombre en la escena rockera madrileña y dais un buen número de conciertos. ¿Cómo recordáis esos años?

Con muchísimo cariño. Lo pasamos de puta madre. Hicimos épicos hasta los fracasos. Es curioso que empezásemos a llenar salas pequeñas con esa maqueta, porque sonábamos realmente mal (risas). Pero fue maravilloso.

En 2013 editas vuestro primer disco “No quedan valientes”, la culminación de un sueño, ¿no?

Sí. Fue pura ilusión. Era nuestro primer estudio, nuestra primera claqueta y nuestro primer casi todo. Nuestra primera sesión de fotos, el primer libreto con imágenes. La portada GENIAL con Joaquín Labrandero. Lo recuerdo con muchísimo amor.

¿Cómo fue la grabación del disco? ¿Qué temáticas tenía este disco?

En aquel entonces no teníamos ni un duro y grabamos en SAE Institute, con Doriannys Subero y Juanma, que entonces estaban de prácticas allí y fuimos su proyecto de fin de curso, la mezcla nos la hizo Álex Fernández (La Ley de Mantua). Fue un poco caos, la verdad, pero fue bonito y Doris se dejó el alma con nosotros grabando y Álex el corazón mezclando.  Es un disco que habla del salto de niño a proyecto de hombre. Ese click que te da la vida donde empiezas a encajar que no todo es risa y diversión.

¿Y la gira de presentación?

Muy divertida también. No salimos lejísimos, pero nos trabajamos Madrid y la periferia. Eran noches gloriosas. Lo pasábamos espectacularmente bien y la gente también. Llenamos tres veces soldout Siroco, en Madrid. Todavía sonábamos mal, pero nos sobraba actitud.

Tres años más tarde, en 2016, publicáis vuestro segundo disco, “Grisú” con el que os empezáis a hacer un hueco en el circuito. ¿Cómo fue el proceso de edición y grabación?

Grisú fue el punto de inflexión. Todo cambió con este disco y con esta grabación. Nos pusimos en manos de Javi Salas (Nadye) en La Caverna Estudios, Leganés. Creo que es la vez que más rápido y más cantidad de conceptos he aprendido en mi vida. Javi hacía fácil lo difícil y tuvo una paciencia bestial. Le presentamos las canciones,  las canciones se le presentaron a él, y surgió la magia. Fue un proceso muy creativo y tremendamente divertido y productivo. Estuvimos un mes en el estudio, prácticamente echábamos todo el día con él. Es un tipo muy profesional, vive el disco como suyo, siempre. Cuando nos sentamos a escuchar por primera vez “Grisú” nos emocionamos. Por fin sonábamos como queríamos sonar. En ese momento necesitábamos ayuda, necesitábamos que un profesional nos dijese: “Muy bien, buen tema, pero.” Y lo encontramos en Javi. Ese mes lo cambió todo.

¿En este disco seguís con las mismas temáticas o añadís nuevos registros?

Las temáticas no las elegimos, surgen, continua siendo autobiográfico al 100%. Al final nuestras letras nacen del sentimiento. Contamos lo que nos pasa a todos. No buscamos una lírica enrevesada ni metáforas barrocas, contamos y cantamos lo que nos duele.

En la gira de presentación de este disco tocáis en las fiestas de Aluche, vuestro barrio, ante miles de personas. Además llenáis la Sala Caracol. ¿Cómo recordáis estos conciertos?

Las Fiestas de Aluche fue un momento mágico. Era nuestro sueño de infancia cantar para nuestro barrio y así ocurrió. Muy épico. Creo que las fiestas de los distritos deberían dar más chance a bandas oriundas.  La primera vez que llenamos la Caracol no nos lo creíamos, para una banda que está arrancando, agotar quinientas entradas es mucho más de lo que esperas.

Supongo que es una satisfacción el ver que el duro trabajo da sus frutos.

Estas pinceladas de magia son las que mantienen viva nuestra ilusión. Son dosis de moral que te dan alas para seguir dando pasos.

En 2019 editáis el que es vuestro último disco hasta la fecha “Morder y Esperar”. ¿Cómo fue el proceso de composición y grabación?

Fue un proceso maravilloso. En este disco preprodujimos las canciones en el local, también con Javier Salas. Fue un proceso más profesional (por nuestra parte) que Grisú. Buscamos más un sonido personal. Vinimos a romperla. Teníamos una buena colección de canciones que sonaban como un tiro y entramos al estudio con el afán de reflejarlo fielmente. Intentamos darle a cada canción un matiz, no queríamos temas lineales de raca-raca, queríamos demostrar que podíamos dar un paso más a nivel compositivo, en lo musical. Evolucionar sin perder la esencia y sin perder el norte, fieles a nuestra esencia.

¿Sobre que tratan las canciones de este disco?

Al igual que en los otros trabajos, tratan de vivencias personales.

Este disco lo publicáis con Rock Estatal Récords. ¿Cómo fue el salto de la autoedición a grabar con una discográfica?

Exactamente igual. De cara a la distribución digital se nota un poco más el apoyo y puedes ver tu disco en la Fnac, pero a efectos es parecido.

Para la presentación en Madrid está vez escogéis la Sala Copérnico. También la llenáis, poco a poco vais convocando más público. ¿Cómo fue ese concierto?

Magia pura. 650 entradas. Tocamos nosotros solos. Tener dos horas y media de concierto sólo para nosotros y 650 personas es algo brutal. Una sala de ese porte, llena, significa que estás haciendo algo bien. Hemos creado una “comunidad” con nuestros oyentes, se sienten parte y lo son. Y nos encanta. Y cada vez se sube más gente al carro. Estamos muy contentos.

¿Cómo fue la gira? Supongo que se vio interrumpida por la maldita pandemia. ¿Tuvisteis que cancelar muchos conciertos?

La gira estaba siendo excelsa. Llenamos en Madrid dos veces (Copérnico y Caracol) y fuera de Madrid. Llenar fuera de casa es maravillosamente complicado. La gira iba como un tiro. Teníamos, además, cerrados festivales importantes con bandas importantes, y eso se cayó con la pandemia. Fue muy duro. Ha sido un frenazo en seco. Para una banda que está en “rampa de lanzamiento”, este gatillazo es muy doloroso. Pero seguimos trabajando para continuar el camino en cuanto abran puertas.

¿Habéis aprovechado el confinamiento y la pandemia para componer nuevos temas? Tendremos nuevo disco de NoProcede pronto?

Sí y no. El confinamiento ha sido muy duro. Hemos podido ir muy poco al local. Cierres perimetrales, toques de queda y restricciones de movilidad nos han puesto muy difícil poder ensayar con normalidad. Estudiaremos el panorama para ver qué pasos vamos dando, ahora hay un importante cuello de botella con discos, presentaciones y demás retrasadas por la pandemia.

El 6 y 7 de marzo hicisteis doblete en Madrid en las salas Moby dick y Sala Vesta con todas las entradas vendidas. ¿Cómo planteáis los conciertos en esta “nueva normalidad”?

La gente sigue ahí. Tres soldouts en 72h es algo poco inusual. Es cierto que el aforo es reducido y no son las cifras a las que veníamos acostumbrados, pero sigue siendo una pasada. Fueron tres bolazos, además uno de ellos retransmitido por streaming permitió que gente de Sudamérica y otras partes de España nos pudieran ver desde casa. Es un momento anti expectativas. Iremos improvisando según surja la vida. Ojalá pronto salas llenas y minis de cerveza compartidos.

Muchas gracias

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