Marcos Molina (Gritando en Silencio): “Se nos ha olvidado el placer de ser sorprendidos”

Hablamos con Marcos Molina, cantante, guitarrista y letrista de los sevillanos Gritando en Silencio, sobre la historia del grupo, la pandemia y los planes de futuro de la banda.

¿Cómo estas viviendo la pandemia?

Pues la verdad es que “sobreviviendo” sería quizás el término más acertado; pasarse sin tocar casi un año destroza a cualquiera. Por lo demás bastante tranquilo e intentando disfrutar del tiempo libre en la medida de lo posible y montando algún negocio en paralelo para poder salir adelante.

¿Qué opinión tienes sobre el trato que se le ha dispensado a la cultura por parte del Gobierno, en la gestión de la pandemia?

Pues la verdad es que a priori te diría que lo que se ha hecho es insuficiente como poco. Y si hablo por mi entorno y por lo que he visto, te diría que fatal. Pero la verdad, no sé hasta qué punto puedo quejarme teniendo en cuenta la situación. Porque no se puede olvidar tampoco que estamos en medio de una pandemia a nivel global y hay mucha gente que lo está pasando mal porque sus trabajos, como el mío, han recibido un golpe directo a su línea de flotación con los confinamientos y las medidas de seguridad necesarias.
Dicho de otra manera: No creo que ningún gobierno sea capaz de sostener como si nada al mundo del espectáculo, a la hostelería, al cine, al teatro… En medio de una crisis nadie lo hace bien. Habrá que ver más adelante cómo de mal se ha hecho o qué se podría haber mejorado con las cuentas globales por delante, y ver si aprendemos algo.

¿Cómo ves el futuro de la música tras todo esto? ¿Nos recuperaremos?

Bueno… sinceramente no lo creo. Saldremos adelante, eso sí. Siempre lo hacemos. Y la música, como la cultura, es algo imparable que se cuela hasta por los resquicios y sale a flote incluso en las peores condiciones. Pero hemos perdido muchas iniciativas por el camino que difícilmente se van a poder recuperar. Desde salas que han cerrado a giras de músicos que pensaban retirarse y ya jamás ocurrirán (Y estoy pensando en Peter Frampton por ejemplo, que tiene una enfermedad degenerativa, no en Extremoduro, que puede hacerla más tarde)

¿Cómo están siendo los conciertos en esta mal llamada nueva normalidad?

Los que hemos dado se nos han hecho un poco raros por las horas a las que se dan y las condiciones a las que están sometidos: Hemos tenido que hacer 2 pases de 150 personas (mañana y después de comer), con la gente sentada, te cobran la sala 2 veces… apenas salen las cuentas con todo vendido. Sin embargo, he de decir que nos sentó muy bien tocar, que a la gente les encantó el concierto y más de uno pudo apreciar cosas que nunca había percibido por lo especial del formato. Aunque puede que tuviera mucho que ver lo de llevar casi 1 año sin dar un bolo y el mono que tenía todo el mundo.

Hablemos un poco de los inicios del grupo. ¿Cómo surge el nombre de la banda?

Allá por la época del instituto, nos dedicábamos a escribir pensamientos sueltos en algún cuaderno y hablábamos de montar una banda. Cuando estábamos buscando nombre vimos una nota al margen de un poema en la que Jorge había escrito algo como “gritarle al silencio”. Fue diana inmediata por su simbología y lo convertimos en el nombre por el que se nos conoce hoy.

¿Cómo fueron los inicios?

Pues poco después de eso Jorge se compró su primera batería en una tienda de segunda mano y mi tío me dejó una guitarra eléctrica vieja que tocaba de joven y estaba cogiendo polvo. Nos reunimos en un local que mi familia usaba de almacén y montamos nuestras primeras canciones para tocar en la fiesta del instituto y en las del pueblo de una amiga.

En 2004 publicáis, en descarga gratuita, vuestra primera maqueta “¿Y ahora qué?” ¿Cómo fue este estreno?

Para cuatro adolescentes que apenas sabían tocar fue apoteósico. Primero por la aventura que supuso grabar por primera vez algo, ver el proceso, y darnos cuenta de lo malos que éramos y el camino que teníamos por delante. Jajajaja. Pero también fue apoteósico porque la subimos gratis a un portal de maquetas de grupos y lo colapsamos por la cantidad de descargas que obtuvo. Se nos empezó a ir de las manos. La gente preguntaba que cuando tocábamos en su ciudad. No dábamos crédito.

En esta primera maqueta colabora con vosotros otro artista sevillano Albertucho, ¿Cómo surge está colaboración?

Pues básicamente porque Jorge y yo, conocemos a Albertucho desde el colegio y estábamos juntos en clase. Mientras tocábamos la guitarra, Albertucho fue uno de los que me animó a cantar en la banda que estábamos montando, y en la que yo inicialmente solo pretendía tocar la guitarra. Al final empecé a cantar yo mientras encontrábamos a alguien que lo hiciera bien… Jajaja. Cosa que nunca llegó a ocurrir: Al resto del grupo, tras unos meses de coger confianza entre nosotros no les hacía gracia meter a un extraño en el local de ensayo. Así que me tocó aprender a cantar por el camino.

En 2005 publicáis “Destilería de rock and roll” vuestra segunda maqueta. Con solo dos maquetas os hacéis un nombre en el circuito rock estatal, ¿Cómo vivisteis esta época?

Esa segunda maqueta la grabamos con un ordenador en el local de ensayo nosotros mismos comprando una tarjeta de sonido y unas escuchas de estudio. La subimos a internet y empezó el boca a boca y el salir a tocar fuera de Andalucía. La bola de nieve empezó a rodar ladera abajo y a hacerse más grande. Fue un momento dulce donde todo era una aventura y una experiencia nueva.

En 2009, lanzasteis al mercado el que es considerado como vuestro primer álbum de estudio: “Contratiempo”. ¿Qué pensáis sobre este disco? ¿Salisteis contentos del estudio de grabación?

Salimos de todo menos contentos. Sobre todo porque fue un disco muy accidentado: Tras unos años tocando teníamos un montón de temas entre las manos aparte de los de las maquetas. Unos 20 o 21. Yo había estado estudiando sonido tras salir del instituto y empecé a trabajar en Audio Records, un estudio de grabación de Sevilla, después de hacer las prácticas. Cuando no había trabajo en el estudio íbamos grabando nuestros temas. Despacio y con buena letra, pero tardamos un montón. Cuando faltaban las voces y algún arreglo suelto, y después de un año de trabajo, el disco duro de sobra que usábamos para nuestro proyecto se quemó con los 21 temas dentro. Pudimos salvar solo algunas pistas de unos cuantos temas, por lo que tuvimos que empezar de nuevo. Quitamos temas para que no fueran tantos e intentamos darnos prisa en volver a grabarlo todo, aunque muchos temas nunca llegaron a sonar igual de bien que en la primera grabación, en la que teníamos todo el tiempo del mundo para experimentar y probar cosas sin ninguna presión. Al final el estudio cambió de dueño y terminamos de grabar las voces en casa.

Este disco también lo lanzáis en descarga gratuita en vuestra web, ¿No había discográficas interesadas en editaros?

La verdad es que nosotros nunca buscamos discográficas. No sabíamos cómo ni teníamos esperanzas de que alguien tuviera interés en lo que hacíamos a nivel comercial. Y además tenían bastante mala fama de buitres en el mundillo. En esta época surgió el copyleft, la alternativa al copyright. Napster y eMule. La gente descargaba música a destajo y aupaba a grupos autoproducidos de chavales como los Artic Monkeys…

Nosotros solo queríamos tocar y las discográficas nos traían sin cuidado. Soplaban vientos de cambio, así que simplemente desplegamos las velas y nos dejamos llevar.

En 2011 publicáis “Maldito” con el que subís varios peldaños del escalafón rockero patrio, ¿Sentíais que el proyecto funcionaba y avanzaba?

Definitivamente. Con la responsabilidad y la presión que ello conlleva. Después del primer disco acabamos muy quemados con el estudio, al empezar el segundo veníamos de hacer una gira bastante intensa y exigente. Cada vez venía más gente a los conciertos y empezamos a cosechar éxitos, pero la música estaba lejos de mantenernos. Fue una gira de dormir en colchones en el suelo, de comer bocadillos y de falta de horas de sueño. Empezaron los fans y el sentimiento de responsabilidad hacia ellos; el grupo se había convertido en algo más grande que nosotros mismos. Estábamos quemados y desengañados con la imagen que se vende del mundo del rock. Así nos metimos en el estudio e hicimos nuestro segundo disco, que está cargado de ese sentimiento.

Tras este disco fichas por una multinacional, Warner, ¿Cómo fue el paso de la autogestión a trabajar con una gran discográfica?

En realidad el disco fue totalmente autogestionado. Warner se interesó por nosotros cuando estábamos terminando el disco, pero ya lo habíamos pagado todo nosotros. Así que aunque el master era nuestro, firmamos para cedérselo y sacarlo bajo su sello. La verdad es que la banda se empezaba a hacer muy grande como para gestionarla nosotros solos. Sobretodo con respecto a muchas cuestiones sobre las que nosotros teníamos poca idea o pocos contactos a los que recurrir.

Vuestro primer disco con Warner fue “Edad de mierda” el cual publicáis en 2015. Háblanos de este disco

Pues la verdad es que este disco es probablemente el más combativo. Se gestó en el clima de crisis económica mundial, el endeudamiento como como consecuencia del rescate bancario y el retroceso de derechos que sufrimos para controlar las protestas.

La gira de presentación de este disco es la más extensa de vuestra carrera, ¿Cómo fue esta gira?

En líneas generales: Genial. Fue un momento de expansión muy grande para la banda, y pasamos la barrera del “sold out” en sala de más de 1000 personas y la de tocar en festivales donde nos cruzábamos con algún que otro grupo internacional.

En 2018 publicáis vuestro último álbum de estudio hasta la fecha, “Material inflamable”, ¿Sentís que es vuestro mejor disco musicalmente hablando hasta la fecha? ¿Por qué?

Sin duda te diría que es el mejor musicalmente. Creo que se empieza a notar que hemos crecido con un instrumento en las manos. Además hemos experimentado con nuevos sonidos y maneras de hacer de las cosas, y estamos muy contentos con el resultado. Yo siempre soy de esos que piensan que el último disco es el que más me gusta, pero que el mejor disco de Gritando aún está por hacer…

En julio de 2020 publicasteis un EP en directo “Gira Incendiaria“ grabado durante vuestro concierto en la sala But de Madrid, ¿no os planteasteis lanzar un disco en directo?

Sí, de hecho pensamos que nos va tocando. Mucha gente nos ha dicho que como las antiguas bandas de rock clásico, parecemos otra banda en directo. Que hay cierta energía que nunca se recoge en los discos. Y bueno, la verdad es que nunca nos lo hemos tomado muy en serio hasta que nuestro técnico nos grabó el concierto de Madrid sin decirnos nada y nos enseñó un tema mezclado. Y eso que fue uno de los primeros conciertos presentando el disco, con muchas cosas cogidas con pinzas y súper nerviosos, si hubiera sido uno de los últimos donde estábamos mucho más rodados… Así que la respuesta es sí; más temprano que tarde queremos sacar un directo en condiciones.

Aprovechaste el confinamiento para componer, ¿tendremos nuevo disco de Gritando en Silencio dentro de poco?

La verdad es que he hecho de todo durante el confinamiento. No solo componer. He tenido que montar negocios paralelos a la música para poder sobrevivir un año sin tocar, hemos estado construyendo un local de ensayo propio para no tener que pagar uno aprovechando que íbamos a estar parados un tiempo,…

Tengo unas cuantas canciones bajo la manga aunque no un disco entero. Pero si todo sale bien, el próximo disco saldrá de ese local/estudio que nos hemos montado en el campo, e incluso es probable que grabemos gran parte allí. Creo que ha llegado el momento de volver a hacer las cosas tranquilos y con mimo. Como el primer disco que perdimos. Porque desde entonces no hemos dejado de correr y de tener prisa. O incluso puede que saquemos temas en otro formato diferente al disco; la manera de publicar canciones está cambiando… Ya veremos.

Las letras son una parte fundamental de vuestras canciones, ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

Generalmente las historias que me ocurren a mi o a los que me rodean. Pero a menudo las canciones también son fruto del momento que vive la sociedad o de lo que percibo en el ir y devenir del mundo, en la inercia de esta vida sin delicadeza y en las emociones que nos la hacen más transitable. Y cuando todo falla siempre nos queda el sexo, droga y rocanrol, no…?

¿Qué grupo de rock fue el que te hizo seguidor del género?

Los primeros discos de rock que cayeron en mis manos fueron el Algazara de Reincidentes y el Devil came to me de Dover.

¿Cuál fue el primer disco que te compraste?

Agila de Extremoduro

¿Cuál fue el primer concierto al que fuiste? ¿Recuerdas donde fue?

Sin duda. Uno de Reincidentes, en la Alameda de Hércules en Sevilla. Tocaron en unos campos de fútbol que había en el sitio donde hoy hay una comisaría de policía. Mal cambio, eh?!

¿Cómo llegó tu primera guitarra a tus manos? ¿Qué guitarra era?

Aprendí a poner acordes durante el verano antes de entrar al instituto con una guitarra flamenca que había por mi casa y en la que mi padre chapurreaba algún tema de cantautores clásicos. Al montar la banda mi tío me dejó una eléctrica, réplica de una Les Paul negra que tenía en un trastero. Y durante el último año de instituto me busqué un trabajo a medio tiempo hasta que saqué para comprarme mi primera guitarra: Una Gibson SG Special que todavía tengo.

Tras casi 20 años en esto de la música, ¿cómo has visto la evolución del rock desde los escenarios?

Pues desde dentro del rock echando la vista atrás se distinguen bien ciertas épocas: A finales de los 90 el rock estaba de moda con Extremoduro y había una escena muy nutrida de punk y punk-rock, al poco de empezar nosotros apareció Marea y llenó el hueco ese de rock de autor donde no había nada nuevo desde Extremo. Creció como la espuma, y al poco tiempo, generó un movimiento de bandas marcadas por su manera de hacer las cosas. A diferencia de lo que ocurrió con Extremoduro, de repente 2 de cada 3 bandas nuevas parecían calcos unas de otras. De repente todo el mundo quería ser Marea. La música se había democratizado y cualquiera podía sacar un disco. Pero todo se llenó de propuestas parecidas que aportaban poco, y entre las que era difícil encontrar algo genuino. Ese panorama me resultaba agotador. Creo que por esa época empecé a dejar un poco de lado el rock en español, quizás en parte por la pereza que me daba rebuscar algo que mereciera la pena entre tantas bandas. Paralelamente tuvimos la época de la fusión; vientos metales y música ligera de festival. Pero cada vez más alejado del rock de Ska-P y de la crítica social, y cada vez sonando más a circo y a letras para no pensar demasiado. Salvo grandes excepciones como por ejemplo La Raíz, todo me ha resultado bastante prescindible. Después tuvimos Indie hasta en la sopa; pero no como el Indie-rock británico con clase, sino abundante en niños de papá con Casiotones y melodías ñoñas, y sobre todo escaso de rock. Y mientras que aquí todo era parecido, y a menudo cutre y deslucido, fuera de nuestras fronteras el rock viraba hacia nuevos sonidos. Hoy en día creo que seguimos un poco atascados en esos clichés. Y cuando un grupazo como Desakato mete en su último disco distorsiones más crudas tipo fuzz, que es lo que está pasando fuera de nuestras fronteras ahora mismo, muchos en vez de aplaudir fruncen el ceño y dicen “me sonaba mejor el anterior, tiene algo raro…”.

Se nos ha olvidado el placer de ser sorprendidos. Para que algo sobresalga por encima del resto no hay que inventar nada, ni siquiera buscar la excelencia, pero sí dotarlo de alma propia. Todo lo que merece la pena escuchar, independientemente del estilo que tenga tiene una personalidad propia, lo llevo observando todos estos años: Barricada, Rosendo, Fito, La M.O.D.A., Capitán Cobarde, Poncho K, Mala Reputación,… los mil que me dejo atrás a lo largo de la historia y mis queridísimos Kamikazes, que sé que van a llegar lejos; TODOS tienen alma propia, y eso es lo que los hace especiales.

¿Qué discos has escuchado últimamente?

Últimamente he quemado el Spirit Rising de Philip Sayce. Discazo y una masterclass de cómo hay que tocar una Stratocaster. Pero también le he dado caña a Monster Truck, The Temperance Movement y a Kenny Wayne Sheperd

La forma de consumir la música ha cambiado mucho desde que empezasteis. ¿Creéis que el formato físico está muerto o vive su segunda juventud con los vinilos?

Siempre va a haber quien compre discos. Los vinilos han vuelto, pero no dejan de ser un objeto de coleccionista. Y ese es el problema, que los discos ya también se están convirtiendo en un objeto de coleccionista. Puede que en cierto modo se haya tocado fondo en ese sentido, porque los melómanos siempre vamos a querer tener ese objeto en las manos, o ese vinilo de nuestras bandas favoritas. Pero no creo que nunca vuelva a ser como antes; las ventas de discos de los 90 nunca volverán, me temo.

Llevo muchos años escuchando que el rock está en estado crítico, ¿en vuestra opinión cuál es el estado del rock español?

Lo que está crítico es el modelo de negocio del que depende. Y es cierto que no es la música de moda y que como ya he dicho antes creo que necesita una regeneración porque está un poco estancado. Pero nos enfrentamos a un dilema: las nuevas generaciones apenas escuchan rock, y otras generaciones previas que son más rokeras y vienen del rock calimotxero, llevan fatal los cambios… ¿Cómo lo renuevas o intentas innovar entonces?

Puede que esté más crítico de lo que queremos admitir.

¿Algún sueño musical que todavía no se haya hecho realidad?

Salir a tocar fuera de España. Y sobre todo, poder hacer una gira por Latinoamérica

¿Cuáles son vuestros próximos pasos?

Pues fuera de nuestras fronteras ha resurgido el sonido retro, cosa que a una banda de rock inspirada en el rock clásico como la nuestra le puede sentar muy bien. El fuzz vuelve a estar de moda, el sonido roto, las reverbs de muelles, las baterías sonando a habitación… puede ser un gran momento para hacer algo bastante moderno para la escena haciendo lo que siempre hemos hecho, e incluso volviendo a nuestros orígenes en cierta manera. Cosa que probamos en cierta manera en algunos temas del disco anterior con muy buenos resultados. Puede ser un momento dulce.

Así que la prioridad por orden es: sobrevivir a la pandemia, volver a la carretera, grabar temas, ver en qué formato publicar los próximos trabajos (por EPs, discos, temas sueltos con videoclip, con o sin discográfica…), y por supuesto, seguir soñando despiertos a ritmo de rocanrol.