Se acabó la disonancia cognitiva en Villarrobledo. El rock, el punk y el hip-hop patrio han demostrado que, a veces, la coherencia de la calle pesa mucho más que los talonarios de los despachos. Hoy, la noticia resuena más fuerte que un amplificador al once: el Viña Rock ha cortado amarras definitivamente con el fondo de inversión estadounidense KKR, poniendo fin a casi un año de polémicas, deserciones y una crisis reputacional que amenazaba con llevarse por delante al festival más emblemático del arte combativo en España.
Tras meses de presión insostenible, la marca cambia de manos y pasa a ser gestionada por una promotora totalmente independiente e históricamente vinculada a las raíces del evento. El «Viña» vuelve a ser el «Viña».
La crónica de un boicot sin precedentes
Para entender la magnitud de este seísmo en la industria del directo, hay que rebobinar. La tormenta perfecta se desató cuando salió a la luz que KKR —el gigante financiero que adquirió la matriz festivalera Superstruct Entertainment por más de 1.300 millones de euros— mantenía vínculos e inversiones directas con intereses inmobiliarios en territorios palestinos ocupados y tecnología militar.
¿Un festival que lleva casi tres décadas siendo el altavoz de la clase obrera, el antifascismo y la rebeldía, en manos de un macrofondo de inversión con este historial? La comunidad dijo «basta».
Lo que empezó como un murmullo en redes sociales se convirtió en un boicot histórico. Bandas que son el mismísimo ADN del festival, desde Reincidentes y Boikot hasta Los Chikos del Maíz, Söber o Los de Marras, decidieron bajarse del cartel de esta edición de 2026 por pura ética y coherencia con sus letras. El público, fiel reflejo de esa misma filosofía, respaldó la estampida exigiendo la devolución de sus abonos. El colapso del evento parecía inminente.
El regreso a las trincheras independientes
La presión ha funcionado. En una maniobra in extremis para salvar la edición de este año, la gestión del Viña Rock ha sido adquirida por una empresa independiente (vinculada a la firma valenciana Orange Alive, según fuentes del sector), desvinculando al 100% el festival de la red de KKR y de cualquier otro fondo buitre que intente dictar o capitalizar el espíritu de Villarrobledo.
La nueva dirección ha sido tajante en su declaración de intenciones: el objetivo es devolver el festival a sus orígenes, proteger su independencia y garantizar que las decisiones artísticas y culturales respondan única y exclusivamente a su comunidad y a la libertad de expresión. Ningún fondo de inversión tendrá control sobre lo que suene en La Mancha.
¿Y ahora qué? Rumbo a mayo de 2026
Con la maquinaria limpia y el horizonte despejado, el Viña Rock respira aliviado y confirma que la edición se celebrará con total normalidad los días 30 de abril, 1 y 2 de mayo de 2026.
Queda por ver en los próximos días cómo se reconfigura el cartel definitivo y si los hijos pródigos del rock estatal que se bajaron en señal de protesta decidirán volver a subirse al escenario ahora que el peaje ético ha desaparecido. Lo que es innegable es que la escena musical española acaba de dar una lección magistral: la música en directo no siempre tiene que rendirse al mejor postor. A veces, la música, simplemente, gana.
