Ser una banda de rock en los ochenta y tener dinero en los bolsillos era, a ojos de la ley, una contradicción sospechosa. Y si no, que se lo pregunten a los navarros Barricada. Rescatamos de las páginas de El Mentidero del Rock Español de Sergio Martínez García una historia que pudo acabar en condena, pero se quedó en una de las mejores anécdotas del grupo.
El dulce sabor del éxito (y del dinero en efectivo)
Corría la época del lanzamiento de «No hay tregua». Barricada ya no era un secreto a voces; su escalada en el rock estatal era imparable, las camisetas con su logo inundaban los barrios y, por primera vez, el trabajo empezaba a dar frutos económicos tangibles.
El grupo vivía un momento histórico: iban a cobrar sus primeros royalties por derechos de autor. Aquella tarde, volvían de ensayar con los bolsillos llenos y la moral por las nubes. Habían repartido el dinero en cuatro partes iguales, una para cada miembro, y se dirigían a casa con el jornal (y algo más) ganado a base de decibelios.
El control policial y la coincidencia fatal
El destino, que tiene un sentido del humor bastante negro, quiso que justo ese día se hubiera producido el robo de un banco por la zona donde transitaba el grupo. La policía había montado un dispositivo de búsqueda y captura, parando vehículos e identificando sospechosos.
Y entonces aparecieron ellos: cuatro tipos con pintas de rockeros y una actitud que encajaba con el perfil de «malos de la película». La policía les dio el alto y procedió al registro.
»¡Aquí están los atracadores!»
La situación pasó de tensa a surrealista en segundos. Al registrarles los bolsillos, los agentes encontraron fajos de billetes importantes en cada uno de ellos.
Para la policía, las matemáticas eran simples: Robo reciente + Cuatro tipos sospechosos + Bolsillos llenos de efectivo = Hemos cogido a los atracadores.
Desenlace en comisaría
Los miembros de Barricada terminaron en comisaría intentando explicar que aquello no era el botín de un atraco a mano armada, sino el fruto de vender discos y llenar conciertos. Finalmente, lograron aclarar el malentendido y demostrar que el dinero era legal.
Los liberaron a todos… o casi. Como broche final a una jornada absurda, Fernando Coronado acabó pasando la noche en el calabozo, quizás porque en el rock and roll, como dice su canción, a veces no hay tregua ni siquiera cuando eres inocente.
Extracto adaptado de «El Mentidero del Rock Español» (2020), de Sergio Martínez García.
